Como no hay explicación lógica que abarque lo real, el zen se sugiere con paradojas o con sencillas consideraciones. Por ejemplo la respuesta de aquel maestro a la insistente pregunta de un discípulo qué todavía quería saber “qué es el zen”, que todavía pensaba que habría una respuesta… El maestro lo llevó a un cercano bosque de bambúes y le dijo: “¿Ves? Hay bambúes más altos y otro más bajos; algunos están creciendo y otros ya no…” Y eso fue todo lo que dijo.