A los afanados, a los constructores de relaciones ilusorias, a los buscadores de fundamentos sólidos sobre los que vivir felices…
A veces una palabra lleva a navegar por mares en los que ya no hay palabras ni recuerdos de ellas… En esos parajes descubiertos sin nombres, en esos parajes en los que todo acoge y en donde a todo acoges, en esos parajes, lo sin calificativos posibles de puro hermoso y sereno, lo tan bello que no requiere ni de tiempo ni de espacio, lo inconcebible de vivir se vive.
Tal vez por eso se empezó a proponer que “no hay que confundir la Luna con el dedo que la señala”…