Escritos

La norma y el zen o cuando la no norma se pretende convertir en norma
En el zen no existe la referencia de lo que “debería ser”… En el zen se comprende que nadie puede saber eso; nadie ha podido nunca abarcar de manera sensible e inteligible el conjunto de lo que conocemos, mucho menos, claro está, de lo que no conocemos.
Esta comprensión es lo que lleva a no poder condenar o juzgar o hacer culpable a nadie… Eso lleva a vivir con sensibilidad y capacitación para, de manera viable y creativa, asumir la adecuada responsabilidad ante lo que ocurre. Significa que se actúa tras comprender que, lo que acontece, lo que está aconteciendo, no es algo de lo que podamos escindirnos.
Ante eso tan complejo que llamamos realidad, en el ámbito del zen por tanto, no se comete el sinsentido de simplificarla y actuar conforme a lo que alguien haya podido suponer que “debería ser” sin haber comprendido el porqué del acontecimiento del que estamos siendo partícipes, es decir, la Vida… Eso explica por qué en el zen no hay predicadores ni moralistas que pretenden demostrar y convencer de teoría alguna.
Es cierto, sin embargo, que muchos han intentado hacer saber e imponer lo que “debería ser” y muchos, muchos más, durante siglos, hemos vivido convencidos de que, si no éste, aquel sí que está en lo cierto y lo que dice es “la verdad”.
Después de milenios, la esperanza de esa norma absoluta se ha debilitado y ahora, en sectores cada vez más amplios, la referencia para su forma de vivir es lo que parece más satisfactorio y agradable a los sentidos; queda así de lado aquello imprescindible para que la aspiración a encontrar satisfacción permanente, característica de los humanos, pueda acontecer… Ese es el callejón sin salida que transitamos una y otra vez… Eso es a lo que, dándole una realidad que no tiene, llaman samsara, una ilusión más.