Poética

Camino al dojo
Hoy, cuando iba al dojo, estaba todo silencioso y quieto; no se oía a los pájaros, no ladraba ningún perro ni siquiera esos que se suelen oír en la lejanía; los gallos también estaban en silencio esta mañana.
La luz era muy suave pero con cierta brillantez, seguramente porque las nubes grises, que lo cubrían todo, no debían ser muy densas. De pronto, reparé en un pino inesperado que hay tras el dojo, y digo inesperado porque vivo en un entorno de laurisilva y el pino es un piñonero, a saber cómo habrá llegado hasta aquí.
Sólo el pino, no sé por qué, tenía un suave movimiento, todo lo demás, sin brisa, permanecía quieto. Hasta cierto punto aquello me pareció solemne pero me ganó la dulzura que creí percibir o que me produjo tanta armonía.
 
Qué suavemente
se movía el pino
esta mañana